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Ramona Llimargas, la monja que se bilocaba a Franco

Masia_Can_TrillaEn el barrio de Gràcia (actualmente con muchos desperfectos) se encuentra Can Trilla, donde se aloja la  Hermandad de Jesús Paciente, formada solamente por  5 monjas que viven en su interior. Sin embargo, en esta masía descansan los restos de Ramona Llimargas, cuya historia va a caballo entre la realidad y la santidad.  La historia de esta mujer fue recordada gracias al diario El País, que publicó un artículo el 3 de septiembre de 2008 con un título que llamaba la atención a los lectores del periódico de tirada nacional: “La monja bilocadora de Franco”.

Ramona LLimargas Soler nació en Vic (Barcelona)  en 1892, en el seno de una familia humilde y apenas sabía leer y escribir. Desconocía la lengua castellana, por lo que siempre hablaba en catalán Su vida estuvo marcada por lo sobrenatural. El padre dominico Pedro Fernández, biógrafo de la mujer,  habla que todas las apariciones extrañas que le ocurrieron en su vida ya las vivía durante su infancia en el pueblo de Vic, donde empezó también a ser apodada como “la Encantada”, a causa de los repentinos éxtasis que tenía. Tenía apariciones de la Virgen, curaciones milagrosas, sueños premonitorios por lo que se creó alrededor de ella un halo de santidad. Su madre, conocedora del revuelo que levantaba en la localidad barcelonesa, amenazaba a Ramona Llimargas con una paliza si proseguía con su conducta.

Ramona LLimargas, la monja bilocadora de Franco

Si hay un episodio que marca la vida de Ramona Llimargas es la Guerra Civil Española. Vic es una zona republicana, por lo que todas las personas que tienen apego religioso tienen que esconderse para escapar . Se dice que ayudó a esconder a religiosos y curó a heridos. Incluso se cuenta que ayudó a la hija de un importante anarquista y éste le ayudó cuando Ramona tuvo problemas con las milicias republicanas. De hecho, la religiosa fue llevada a un descampado para ser fusilada, pero el anarquista Francisco Freixenet la salvó de una muerte segura.

Sin títuloEn los años que duró la contienda en España, Ramona Llimargas pasa gran parte de las horas en una masía que pertenecía a la acaudalada familia Alsina y que estaba a las afueras de Vic. Es en esta masía donde ocurren a la religiosa algunos de sus trances más importantes, donde según testimonios se le aparece ni más ni menos que al general Franco. En estos trances, comentaba a Franco predicciones sobre el desarrollo de la guerra y le ponía en sobreaviso como que no acudiera a un banquete ceremonial en Zaragoza, ya que pretendían envenenarle. Esto definió la actitud que tuvo Franco con la monja, siempre preocupado por Ramona Llimargas y a la que colmaba con multitud de favores.

Las apariciones al Caudillo serían de vital importancia, ya que además aconsejaba sobre las estrategias que tenía que tomar éste, como la batalla del Ebro o no entrar en la Segunda Guerra Mundial. La demostración de estos hechos es muy compleja, pero según el periodista Xavier Theros existen testimonios de personas cercanas a Franco, como José María Pemar, que afirmaron que, en ocasiones, al Caudillo se le aparecía una “santa”, pero que en ningún caso es Ramona LLimargas, sino que es la mismísima Santa Teresa de Jesús.

Además, diversos heridos de ambos bandos, aseguraron que esta mujer les atendió directamente en las trincheras, aunque fuera imposible que una mujer religiosa se encontrara allí.

Sepulcro de Ramona Llimargas en la masía de Can Trilla.

Sepulcro de Ramona Llimargas en la masía de Can Trilla.

El viaje más lejano que realizó físicamente Ramona Llimargas fue a Barcelona, concretamente al barrio de Gràcia,  donde se instaló. Sin embargo, era conocida como “la monja bilocadora de Franco” aunque nunca llegó a ser monja, sino que únicamente fue seglar.

Su muerte también fue un misterio. A principios de 1940, conoció a una persona que padecía de cáncer y su fallecimiento era inminente. Ramona Llimargas pidió a Dios que la mujer se librara de la enfermedad y que ésta pasara a ser contraída por ella. Al evitar cualquier tratamiento, falleció el 8 de octubre de 1940. Cuando ella falleció, varios vecinos del barrio de Gràcia aseguraron haber visto el espíritu de Ramona Llimargas.

La figura de Ramona Llimargas es un completo enigma. Para unos tiene todo el mérito de ser una santa, pero para otros fue un instrumento de propaganda de Franco. Sin embargo, los hechos sobrenaturales que giraron en torno a su persona todavía son motivos para fieles, que acuden a esa masía del barrio barcelonés de Gràcia para conocer la historia de Ramona Llimargas.

 

 

Fuentes consultadas:

  • Xavier Theros,” La monja bilocadora de Franco”, El País, 3 de septiembre de 2008
  • Cuarto Milenio, temporada 4, programa 143

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