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La misteriosa momia de San Vicente de La Malahá (Granada), el santo olvidado

(Fotografía de Gomeres Historia)

(Fotografía de Gomeres Historia)

“Hoy traemos una curiosa historia que viene de un personaje un tanto extraño, un tanto siniestro: una momia. La momia de un santo, o mejor dicho, de un posible santo, puesto que esto no está totalmente definido. Yo me limitaré a contar la historia igual que me la contaron a mí.” Estas son las palabras que pronunció Fernando Jiménez del Oso para dar comienzo a su mítico programa “Más Allá” (Televisión Española) el 9 de enero de 1977. Ese programa trataría sobre un individuo muy poco conocido, apenas recordado por unos pocos en un pequeño pueblo de Granada como es La Malahá, donde una casa recordaba al personaje que fue considerado como un santo: San Vicente de Malahá.

San Vicente de la Malahá, ¿un legionario romano o un mártir?

En una casa aledaña a la iglesia , actualmente es un restaurante, una capilla con gran cantidad de exvotos llama la atención a todos los que acuden a visitar La Malahá (Granada). El motivo de esos exvotos, que son signos claros de una especial devoción, es una especie de sepulcro con un cuerpo incorrupto que recuerda a las momias del Antiguo Egipto. Esa momia pertenece a San Vicente Mártir, un personaje que todavía es recordado por los habitantes más ancianos de la localidad granadina.

Fotografía del blog "El Rincón de Kiki"

Fotografía del blog “El Rincón de Kiki”

Según cuenta la leyenda, el cuerpo incorrupto pertenecería a un capitán de una legión romana encargado de tomar la zona de la provincia de Granada durante la ocupación romana de la Península Ibérica, que sería conocida como Hispania. Al llegar a la zona donde se sitúa La Malahá, quedó tan enamorado de aquel paraje que decidió colmarlo de todos los bienes y riquezas, siendo una persona más que adorable entre los habitantes de aquellas tierras, por todo lo que hacía por ellos. Tras su muerte, decidieron rendirle el tributo que se merecía, conservando su cuerpo incorrupto para que fuera recordado, llegando hasta nuestros días. Con la llegada del cristianismo, el cuerpo sería cristianizado, y la veneración existente ante aquel sepulcro pudo ser la circunstancia de ser catalogado como un santo.

Otra historia que rodea al cuerpo incorrupto de San Vicente es su pertenencia a uno de los doce jóvenes que sufrieron el martirio en la Via Tiburtina, que comunicaba los territorios romanos de Roma con Tibur, actual Tívoli, durante la persecución a los cristianos que inició el emperador Valeriano. Se desconoce cómo llegaron sus restos hasta La Malahá desde Italia; lo cierto es que los antiguos dueños de la casa, hoy restaurante, nunca supieron el medio por el cual aquel enigmático cuerpo llegó hasta allí, diciendo el típico tópico de “siempre estuvo allí”.

La veneración por San Vicente de La Malahá: pudo ser un donativo de El Vaticano.

(Fotografía de Gomeres Historia)

(Fotografía de Gomeres Historia)

No existe ningún documento que certifique tanto la identidad como el origen de aquella momia conocida como “San Vicente de La Malahá”,  añadiendo más misterio al asunto, ya que no se sabe el porqué del nombre de Vicente. Pero en un pasado no muy lejano, aquella momia era de vital importancia para los vecinos del pueblo, que la consideraba como suya.

En varias ocasiones,  las autoridades han intentado trasladar el cuerpo a Granada. Sin embargo, La Malahá siempre ha ofrecido una increíble resistencia por parte de todos sus vecinos a que “su habitante más famoso” abandonara el lugar donde yace desde no se sabe cuánto tiempo. También se cuenta que, en uno de esos intentos de traslado, el sepulcro comenzó a pesar más de la cuenta, impidiendo que éste fuera cargado por las mulas de carga, interpretándose como una señal de que San Vicente de La Malahá no quería moverse de aquella capilla.

La versión más histórica es la que contó el alcalde de La Malahá al periodista Juan José Benítez en el ya citado programa de “Más Allá”, donde apunta a que la momia provenía de un donativo por parte de El Vaticano al pueblo de La Malahá en el siglo XVI como regalo por las reliquias que la localidad granadina aportó a la Santa Sede. El párroco de la época no quiso meter el regalo en la iglesia a causa de que no estaba identificado como santo; por tanto, se construyó una capilla para alojar el sepulcro del cuerpo incorrupto de San Vicente.

Fotografía del blog "El Rincón de Kiki"

Fotografía del blog “El Rincón de Kiki”

También menciona el alcalde una indulgencia de 1784 que hay en la capilla, amparada por un arzobispo y por los obispos de España, que recoge que todo aquel que rezara frente al sepulcro recibiría el Perdón de Dios.

No se puede olvidar que en La Malahá existen ruinas paleocristianas, y los restos de aquel individuo podrían haberse hallado entre aquellos yacimientos que datan de la época de los primeros seguidores de una religión que pronto sería una de las más practicadas en todo el mundo, por no decir que es la más extendida.

Sin embargo, la versión más creíble es la que relata que, en el siglo XVII, la casa donde está actualmente el cuerpo incorrupto perteneció a una familia muy adinerada. Con motivo de la construcción de la plaza de El Vaticano, esta familia realizó un donativo para contribuir a su construcción y,  por el apoyo recibido, la Santa Sede les obsequió con esta reliquia

Los investigadores del sepulcro de San Vicente de La Malahá mueren en extrañas circunstancias, ¿ la maldición de las momias?

(Fotografía de Gomeres Historia)

(Fotografía de Gomeres Historia)

Al hablar de momias lo primero que se pasa por nuestra cabeza es el Antiguo Egipto. Y al hablar de momias es inevitable hablar de la maldición de la momia de Tutankamon, que castigó la vida de sus descubridores Howard Carter y lord Carnavon.

Lo curioso es que la momia del pueblo granadino también se resiste a desvelar su misterio, sin importarle en absoluto que sus investigadores paguen por entrometerse en este numinoso asunto de conocer su realidad.

Los estudiosos que quisieron conocer la verdad sobre San Vicente de la Malahá, fallecieron en extrañas circunstancias cuando estaban a punto del “Eureka”.

Los nuevos dueños que adquirían la casa, también compraban la capilla, es decir, la “casa de San Vicente”. Los más supersticiosos decían que aquella casa solamente pertenecía al santo y, por tanto, se negaba a aceptar que otros inquilinos habitasen esas cuatro paredes.

La última víctima de esta “maldición”, como decía Jiménez del Oso,  fue un sacerdote que investigaba sobre el origen de este supuesto santo y que falleció a causa de un accidente de automóvil.

Las reliquias que rodean a la momia de San Vicente de La Malahá, ¿ muestra de sus favores?

La capilla de San Vicente de la Malahá  siempre está plagada de exvotos, reliquias y promesas realizadas por los vecinos que acuden a la capilla, que muestra la enrome devoción que existe. Destacan los relicarios que contienen todo tipo de objetos sagrados, los crucifijos y estampas de diferentes vírgenes.

(Fotografía de Gomeres Historia)

(Fotografía de Gomeres Historia)

Los vecinos siempre que necesitaban algo, se encomendaban a San Vicente de la Malahá  para que éste les colmara de favores. Al verse cumplidos esos favores como curaciones de enfermedades, la veneración aumentaba a medida que corría la voz sobre los supuestos poderes prodigiosos que emaban de aquella reliquia en forma de momia.

Según la tradición , aquellos que partieran de La Malahá para realizar el servicio militar obligatorio, las madres de los jóvenes se encomendaran al “santo”. Esta tradición extiende la idea de que el cuerpo perteneciese a un guerrero, posiblemente al legionario romano que menciona la leyenda.

Con el paso del tiempo y los tiempos más modernos, la devoción por San Vicente de La Malahá fue cayendo en ese ocaso que conduce al olvido.  Pero, a pesar del abandono espiritual de la capilla, todavía su origen e identidad constituyen un auténtico enigma. Entre el polvo y las telas de araña, la presunta momia de San Vicente permanece impasible en aquella capilla de La Malahá, esperando que algún día se resuelva su misterio.

 

 

 

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