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Al Otro Lado de la Realidad

¿Un gigante enterrado en la catedral de Tarragona?

Muchas leyendas y narraciones mitológicas relatan historias donde los protagonistas son unos seres ciclópeos de enorme envergadura, los llamados gigantes.

ff-ff21-bsqctryjntlkEstos seres enormes aparecen tanto en textos bíblicos como apócrifos, llamados algo así como nephilims, hijos de los hombres que se juntaron con los dioses.

Louis Charpentier en su obra “Los gigantes y el misterio de los orígenes”  habla de que los gigantes pertenecerían al pueblo de los atlantes, una raza humana perdida que pobló la Tierra y que fue la encargada de la domesticación de los animales y la mutación de muchos vegetales en esa conocida Edad de Oro, no descartando en ningún momento que el conocimiento atlante proviniera de la inteligencia de entidades superiores.  Esta civilización desapareció debido a un cataclismo, quedando pequeños residuos de ese conocimiento superior, aunque deteriorado, de una época perfecta que recaería en unos pocos que serían verdaderos iniciados.

Para explicar muchos interrogantes que se escapaban a la razón humana, entraba en juego ese conjunto de creencias basadas en la mitología y en las tradiciones mágicas de cada pueblo para dar una explicación a un fenómeno que era desconocido. Según la mitología del País Vasco, las construcciones megalíticas eran producto de los llamados jentillak,  que eran seres de gran tamaño que se dedicaban a mover, transportar y crear estos monumentos cuyo elemento fundamental son moles de piedras que alcanzan en muchos casos toneladas de peso. Esta creencia en la cual los constructores de megalitos eran gigantes también está extendida por Menorca, cuna de la cultura talayótica, donde se cuenta que esas navetas y talayots fueron levantadas en un pasado remoto gracias a la acción envidiosa de gigantes, que se enfrentaban construyendo estas construcciones para determinar cuál de ellas era de más tamaño y, por tanto, mejor.descarga

Muchas montañas, elevaciones y montículos de España hacen referencia a la existencia en un pasado remoto de esos gigantes; cuentan innumerables leyendas que muchas montañas son gigantes que por alguna razón se convirtieron en piedra. También se relata que muchos barrancos, pasos o grietas han nacido por la acción de algún gigante al haber dado un fuerte golpe a la montaña provocando así su ruptura.

 

¿Un gigante enterrado en la catedral de Tarragona?

La magia de este país hace su aparición en momentos insospechados, cuando uno menos se lo espera. En España existe gran tradición sobre leyendas cuyos protagonistas son los gigantes. Son leyendas hasta que te topas directamente con un misterio que poca gente conoce y que, sin embargo, lo tenemos en nuestra propia Piel de Toro.

11230045_922993537761216_2435922824469043882_oEn la catedral de Tarragona, concretamente en el claustro de ésta, podemos apreciar perfectamente una tumba que se diferencia de las demás a causa de quién está enterrado. En la losa que cubre la sepultura reza un escrito en latín que, traducido al castellano, sería algo así:

“Aquí yace Francisco Plaza Milanés, capitán de caballos coraces. Fue el hombre más alto de nuestros tiempos que su grandeza depasaba de doce palmos y en sus hechos mostró no ser menos que su alma. Murió a la edad de 44 años el 3 de febrero de 1641”

El sepulcro mide 187 x 74 cm, y las inscripciones de la lápida contienen varias faltas de ortografía que hacen pensar que el encargado de realizarlas no era muy docto en Letras.

Francisco Plaza Milanés era un capitán de coraceros nacido en 1597 en el ducado de Milán o Milanesado, en aquella perteneciente al Imperio español hasta la Guerra de Sucesión a comienzos del siglo XVIII. No existen muchos datos sobre la vida del gigante de Tarragona, únicamente los descritos por Manuel Güell y Jordi López Vilar en el “Butlletí Arqueològic” publicado en 1901.

A los 30 años inicia la carrera de las armas en Milán y más tarde se trasladará a Flandes para seguir formándose como militar.  El 13 de agosto de 1634 aparece en el Rosellón como capitán de una compañía de arcabuceros montados en caballos valones, cargo que ocupará hasta 1637. Es en este año cuando un manuscrito le acusa de cometer abusos junto a sus soldados contra los campesinos de localidades catalanas como Badalona , Caldas de Montbuí, o Colliure. En él se dice que se dedicaba a quemar casas, robar todo lo que encontraba y usurpar la jurisdicción a las autoridades civiles. Todo lo saqueado, según cuenta, era vendido en subastas públicas. También dice que saqueó el pueblo de San Esteban  a causa de la muerte de dos de sus soldados,  obligando a la población a abandonar sus casas y marchar de allí.catedral

Francisco Plaza Milanés se casa en esta época con Maria Puigbert, hija del teniente de caballería barcelonés Antoni-Joan Puigbert, también destinado en el Rosellón.

En 1639 el “gigante de Tarragona” comienza una campaña militar para recuperar el castillo de Salses (Francia). En un primer asalto en septiembre de este año consigue romper las líneas de infantería enemigas pero el avance es retenido por los franceses, que en una emboscada consiguen hacer prisionero a Francisco Plaza Milanés. En 1640 es liberado gracias a la rendición de Salses y por un cambio de prisioneros entre él y un teniente francés prisionero en 070catqaNavarra, que simbolizaba el fin de una contienda en estos casos.

Poco después, estalla la revuelta catalana de los Segadores, por lo que el gigante capitán se unió al ejército de la familia Vélez. Busca sofocar las revueltas gracias a la dura represión, donde son víctimas localidades catalanas como Aldover, Balaguer, L’Hospitalet, Cambrils y Martorell. Pero es derrotado en la batalla de Montjüic por el ejército catalán gracias al apoyo francés el 26 de enero de 1641, y se piensa que en esta contienda fallece, ya que en su tumba pone que fue enterrado el 3 de febrero de 1641. En esta contienda murieron más de 1500 soldados de ambos bandos, y Plaza Milanés pudo salir malherido y morir una semana después.

Su viuda quiso que fuera enterrado en Tarragona, quizá porque ella era de esta ciudad. Pero en vez de ser enterrado en un cementerio cualquiera, una circunstancia relevante hizo que éste fuera enterrado en la catedral: su desmedida altura.

Medir 12 palmos en aquella época era una auténtica locura. Doce palmos equilvadría a 2 metros y 34 centímetros, estatura que era inalcanzable para las personas del siglo XVII y XVIII, que veían a Francisco Plaza Milanés como un gigante de los que hablaban los libros caballerescos y de fantasía. Esta curiosidad hizo que el experimentado militar, curtido en mil batallas, adquiriese la denominación de gigante, y fuese enterrado en la catedral de Tarragona, para recordar a aquel hombre que destacaba de los demás a causa de su descomunal tamaño, en aquella época inimaginable.

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