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Al Otro Lado de la Realidad

El Baúl del Monje, el poltergeist madrileño.

Madrid guarda entre sus calles y edificios historias dignas de contar, pero no son historias normales, ni nunca lo serán. La capital de España tiene lugares en los que sucedían y suceden situaciones y cosas que se escapan a la razón humana.
Fenómenos extraños, objetos que se mueven de repente sin que nadie las cambie de sitio, ruidos provocados por lo imposible… Madrid tiene un lado oculto, sin duda alguna.  
Los acontecimientos que voy a trasladaros a vosotros, buscadores de lo recóndito y que tratáis de conocer esos senderos misteriosos en los que vivimos, a más de uno le estremecerá y le pondrá el vello de punta. Si les sucede eso, habré conseguido mi propósito, pues estas historias nunca deben de perder su esencia y tampoco hay que perder la capacidad de asombrarse. Además siempre es bueno pasar un poco de miedo ya que sabes que no te puede pasar nada… o no.
El caso comenzó a finales de la década de los 90, concretamente en el año 1998, en un anticuario situado en una calle aledaña al Tribunal Supremo, en pleno corazón de la ciudad madrileña. El anticuario tenía como nombre “El Baúl del Monje” y es uno de los puntos más destacados en los mapas del Madrid Paranormal.
Pero, ¿qué es lo que allí sucedía? ¿Qué ocurría en dicho anticuario para ser uno de los lugares más enigmáticos de la capital y que le diferencia de los más?
En este lugar ocurrían materializaciones y desmaterializaciones de objetos, además de cosas que se cambiaban de habitación sin que nadie los moviera de su sitio. La sensación, según cuentan, es que al entrar en dicho establecimiento se notaba cómo la temperatura sufría un brusco cambio, además de sentir cosas que en otros lugares no se perciben. Además la fenomenología acontecida tenía la particularidad de que actuaba con gran virulencia y agresividad, lo que le convertía en lo que se llamaría “poltergeist”, ya que una fuerza que no se ve se presenta de forma violenta desafiando todas las leyes existentes de la física.
Lo que allí ocurría fue sufrido por decenas de personas. La casuística narrada por los testigos y el actual propietario del local son los aportes (materialización y desmaterialización de objetos), caída de objetos sin ayuda de ningún elemento físico e incluso apariciones de figuras y sombras extrañas. Todo acontecía sin pausa y no se encontraba una justificación plausible al asunto. De hecho sigue sin haber una respuesta y continúa siendo un misterio.

baulmonje “El Baúl del Monje llamó la atención ni más ni menos que al tan conocido en el mundo del  misterio y al que le debemos tanto como era el padre Pilón, pieza clave en la fundación del  Grupo Hepta y que tanto legado en el ámbito de la parapsicología ha dejado.
El propio padre Pilón presenció esos extraños fenómenos que ocurrían en la misteriosa  tienda de antigüedades. Cuando él se encontraba con el grupo Hepta investigando los  supuestos fenómenos que allí ocurrían, vio cómo los adornos que componen una lámpara  de techo casi le alcanza. Lo curioso es que encima de él no había ninguna lámpara, y que  esos elementos aparecieron de repente.
Estos hechos le sucedieron al investigador cuando el grupo Hepta se personó en el local  para ver los fenómenos e intentar buscar respuestas a toda ese galimatías de sucesos que  tanto miedo y extrañeza causaban a los testigos de aquello.
Los dueños del anticuario relataron al grupo de investigación lo que habían presenciado desde que se hicieron con el establecimiento. En el relato que ellos contaban la caída de lámparas, el vuelo de objetos así como la aparición de éstos en otras habitaciones, la apertura de grifos sin que nadie los abriese y visiones de extrañas sombras eran una constante.
Durante las investigaciones de Hepta en “El Baúl del Monje”, los investigadores también fueron testigos de lo insólito. No únicamente el padre Pilón vivió el fenómeno en sus carnes, sino que éste también se daba a conocer durante la estancia de todos los miembros de Hepta.
Ellos vieron cómo a la misma hora se desencadenaban los acontecimientos como la caída de cosas del techo sin que allí hubiera nada y el abrir y cerrar de puertas.
En una ocasión presenciaron la caída con violencia de algo del techo que no debería de estar ahí contra una mesa, que podía haber provocado graves consecuencias si impactase contra alguno de los investigadores. En otra ocasión se tiró una cabeza de carnero a la basura, y posteriormente apareció en la entrada al local.
Se dice que en años atrás en ese mismo establecimiento falleció un abogado víctima del humo de incendio sucedido en ese lugar.

Fuera lo que ocurriese, hoy me he querido acercar al lugar donde ocurrieron todos los hechos para verlo de cerca y conocer uno de los lugares más misteriosos que existen en Madrid.

Se sabe que con el tiempo, el fenómeno fue reduciendo su intensidad hasta casi desaparecer. La anticuaria cerró, y según me han transmitido, con los años se abrió una joyería que corrió la misma suerte. Tras un periplo de encontrarse el local cerrado, se abrieron unas oficinas.

Al acercarme al lugar y ver las condiciones en las que se encuentra desde fuera me ha dado la sensación de que las oficinas ya no existen y que ahora mismo el antiguo “Baúl del Monje” se encuentra vacío. Las ventanas que forman el escaparate no eran visibles al público debido a que las persianas estaban bajadas; y no se ve más allá del crsital de la puerta.

Esté cerrado o no “El Baúl del Monje” siempre quedará impregnado por lo que ocurrió a finales de los años 90 y que tanto asombró a unos como aterrorizó a otros. Y quien sabe, a lo mejor sigue impregnado…

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