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Al Otro Lado de la Realidad

El Hombre de Palo de Toledo, un robot en el siglo XVI.

Paseando por la eterna e imperial Toledo, o mejor dicho perdido por la marabunta de calles que esta hermosa ciudad ofrece, estuve en busca de todas esas leyendas, que cada rincón de Toledo muestra a esos visitantes que quieren conocer aquello que ignoran la mayoría de turistas. Y qué mejor lugar de España para perderse que la mágica Toledo donde todavía se desprende el olor de aquel gran Greco y todo lo que le rodea a él. Me encontraba cerca de la Catedral, gran joya arquitéctonica que tiene a favor España y que también guarda historias dignas de ser contadas, pero en otro momento, pues esta entrada sería eterna… como Toledo. En una calle que empieza en la Catedral me dio por mirar el nombre de ella, y de repente, la capacidad de asombrarme se encendió en ese momento. “¿ Calle del Hombre de Palo?” Sí, había leído bien. No entendí la razón de aquella sorpresa, porque había visto en mi extravío por Toledo multitud de calles con nombres asociados a leyendas y a historias donde lo mágico y lo real se unen para hacer la combinación perfecta.   Al llegar a casa me dije a mí mismo que tenía que conocer aquella historia. Y vaya sí la conocí:  en esta calle vivió sus últimos y pesarosos días de vida el gran italiano Giovanni Torriani o más  conocido en nuestro país como Juanelo Turriano. Juanelo Turriano (1500-1585) era considerado “el otro Da Vinci”, y como buen ingeniero e  inventor, era el relojero de la corte del gran emperador Carlos I de España y V de Alemania,  cuyo imperio no conocía el sol de lo vasto que era.
Juanelo fue el encargado de crear el sistema hidráulico para abastecer a Toledo con las aguas  del río Tajo, en el llamado “Artificio de Juanelo”. “Pero si te he visto en el pasado, no te conozco”, es lo que, con el paso del tiempo pensó el emperador del Imperio español y su corte. Se olvidaron totalmente del gran inventor que tantas maravillas había hecho de la nada, por lo que  Juanelo Turriano vino a menos económicamente, hasta estar totalmente sumido en la ruina. El gran italo -español tuvo que arreglárselas en su nueva vida, ya que apenas podía vivir. Dependía de la buena voluntad y caridad de los toledanos . Claro, no nos olvidemos de que era un genio. Se le ocurrió crear una especie de hombre de palo para que pidiese limosna en la plaza de la Catedral, y así él no corría la vergüenza de mostrar su cara de pobre. Busto de Juanelo TurrianoEste hombre de palo tenía la peculiaridad de poder moverse solo gracias a un complicado sistema y mecanismo que nunca se pudo desvelar, ya que se quemó cuando Juanelo estaba aún en vida, y que podía mover brazos y piernas sin ayuda de nadie, convirtiendo a este invento en un auténtico autómata. Esta especie de versión antigua de un robot de madera ideado por una persona que estaba contra las cuerdas, se dedicaba a pedir limosna a las personas que acudían a la misa en la Catedral. Se cuenta en la leyenda, que cuando le dabas limosna, el autómata se agachaba y hacía una reverencia como dando gracias a la solidaridad de la persona. También se cuenta que a determinada hora volvía al lugar donde se encontraba su inventor para darle lo recaudado. Así entendí el nombre de la calle del Hombre de Palo, en lo que es una muestra más de que Toledo guarda entre sus calles historias que elevan a esta España Mágica a un nivel prodigioso y de magnificencia absoluta.  El autómata de Toledo nunca será olvidado gracias a esta calle, y tampoco nunca será olvidado un adelantado a su época, que por ese mismo motivo no era comprendido, como es Juanelo Turriano.

3 Comments
    • Alvaro Anula

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